Durante casi cuarenta años, Elena creyó que conocía perfectamente el futuro de su familia. Había cosas que nunca se discutían porque parecían evidentes:
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Durante mucho tiempo pensé que las grandes traiciones llegaban acompañadas de señales evidentes: discusiones interminables, mensajes escondidos, noches fuera de casa, excusas absurdas.
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Clara todavía recordaba aquella mañana por un detalle aparentemente insignificante: el silencio. No era un silencio absoluto. A lo lejos circulaban algunos coches,
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